
Enrique fue un niño soñador y muy motivado, como se dice ahora hiperactivo. Le fascinaba la investigación en ciencias naturales; a los nueve años tenía una bata blanca que ponía doctor Monís. Se dedicaba a mirar por microscopio cultivos y tejidos de plantas e insectos. Quería saber, a toda costa, en qué consistía la vida.
Comenzó a estudiar informática antes de que hubiera una facultad universitaria. Trabajó como analista de sistemas. Después, estudió dirección de cine y trabajó en televisión durante casi 30 años realizando relatos de ficción y documentales de todo tipo, también colaboró en varios largometrajes. Pasó tres años por la Escuela de Letras, un taller de creación literaria.
En los años 90 comenzó de una manera intuitiva a practicar Medicina del Alma. Aprendiendo a comunicarse con los enfermos en coma. Le siguieron los enfermos desahuciados por los médicos y más tarde le tocó acompañar a enfermos en su despedida.
A partir del 2002 pasó por tres diagnósticos de cáncer. El primero remitió a los cinco meses, el segundo fue el más grave y le dieron pocas posibilidades de salir vivo. Salió felizmente sin apenas medicación, tratándose a sí mismo. Desde ese momento supo que debía seguir ayudando a los demás del mismo modo con el que él había sanado. Desde 2007 comienza a dar conferencias y talleres sobre la conexión del ser humano con la Fuente.
